Las 5 Solas 1. Sola Scriptura (Sola Escritura)















Esta declaración enseña que solo la Palabra de Dios, La Biblia, es la única regla de fe y de conducta que regirá la vida del creyente.

A diferencia de tantas religiones, sectas y herejías que han llenado los anales de la historia del hombre, el cristianismo legítimo, solo deposita sus principios y formas en la sangrada escritura lejos de la tradición, filosofías humanas o cualquier otra fuente ajena a la revelación divina.

El principio de la autoridad de la sagrada escritura es el fundamento de la legítima iglesia Cristiana y no acepta otra fuente. Es la eterna Palabra de Dios que ha permanecido inmutable aún en medio de descréditos, intentos de exterminio, fábulas y acérrimos enemigos.

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” Mateo 24: 35

Esta declaración realizada por su propio autor, nuestro Señor Jesucristo, muestra de manera clara la inmutabilidad y eternidad de la Palabra de Dios, la cual no esta sujeta al tiempo ni al espacio, ni siquiera vulnerable a las vicisitudes de la existencia. La biblia permanecerá invicta aun en medio de los ataques de los sabios incrédulos.

La declaración de la “sola escritura” fue elevada en medio de la fuerte hegemonía de la iglesia católica, la cual en sí y objetivamente, no tiene nada de cristiana, aún cuando en sus liturgias y catecismos hable de Cristo. No en vano el Señor dijo:

“¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?” Lucas 6:46

El catolicismo romano, históricamente ha considerado la biblia como un mero ingrediente en el producto de su doctrina, pero nunca ha sido la base y fundamento de su enseñanza. La tradición, los dogmas y la infalibilidad papal, son sin duda los pilares que sostienen esta institución que nace, crece y se mantiene sobre un cimiento inconsistente y que sucumbirá previo al regreso de nuestro Señor Jesucristo en su segunda venida. En el tiempo de los reformadores, los excesos y arrogancia del clero, dejaban en evidencia el desapego absoluto de la autoridad de la santa escritura y fue en ese escenario cuando hombres celosos y fieles a la Palabra de Dios, que impulsados por Espíritu Santo, escribieron, pregonaron y publicaron sus contundentes sermones reivindicando el verdadero mensaje cristiano lejos de la curia papal. Fue allí cuando desprendiéndose de la enseñanza oficial, comenzaron a predicar que el creyente no necesita nada más para entroncar su vida, que la sola escritura y que todo lo que no se ciñera a ella, configuraba una falsa enseñanza lejos de Dios.

Que falta hace en la actualidad del surgimiento de voceros y ministerios celosos y fieles a la Palabra de Dios. Hoy todo se ha vuelto tan banal y vacío, que los locales de reuniones se han transformado en centros de entretención cuyo objetivo es que la gente se sienta bien y nada más.
A tantos años de la experiencia de los heraldos reformadores nos cabe preguntar ¿Y que queda del protestantismo en la actualidad? ¿Hay una iglesia celosa que proteste de manera insufrible como lo hicieron nuestros hermanos de antaño? ¿Existe alguien dispuesto, cual Lutero, a clavar hidalgamente sus tesis de reclamo desafiando al mismo infierno?
Tal vez la cruda realidad nos lleva a pensar que si Martín Lutero, como ejemplo, estuviese con nosotros, sería la misma iglesia evangélica la que lo que lo acallaría o descalificaría, diciéndole que Dios es amor y que tenemos que ser diplomáticos para que la gente no se aleje. Imaginemos tan solo un minuto a Lutero clavando en uno de los pilares de la catedral evangélica en medio de un “tedeum”, sus incisivas tesis en contra de la abierta idolatría del gobierno, de la aprobación de legitimidad de los homosexuales o del ecumenismo y elevando la voz con valentía y decisión.
En lo personal, no me cabe ninguna duda que la gran mayoría irrumpiría sobre él para tapar su boca y evitar la ruptura diplomática que hoy existe entre el clero y el estado.

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